Los valores éticos y morales forman parte de nuestra constitución personal. Que los niños aprendan desde pequeños la importancia del respeto por los demás, distinguir el bien del mal,… es parte del código necesario para desarrollar la actitud y el comportamiento positivo ante la vida.

Conozco un niño que está preparándose para recibir la primera comunión y se ha encontrado con todo un nuevo mundo ético en el que pensar producto de los diez mandamientos de la religión católica. Le ha encantado saber qué está bien y qué está mal, aunque sea como contraposición a los puntos de las Tablas de Moisés y confirmación, al tiempo, de lo que ya intuye en su entorno.

Es maravilloso contemplar el despertar infantil al criterio que cada civilización ha ido creando para conformar una moral que le permita ir creciendo en una armonía sin la cuál hubiera llegado pronto el quebranto de la misma. Y eso pasa, queramos o no.

En el caso de Occidente, es motivo de orgullo que haya prevalecido una ética social procedente de una doctrina como la del Cristianismo que, sin duda alguna, reza en la base de tanta libertad para el progreso como se ha dado en la Europa que conocemos y que, a la larga, ha constituido su mejor valor de cara al resto del mundo.

En la ética natural, la ley del más fuerte se impone y las necesidades mandan sobre los principios, y está bien que así sea, pues si así es, así es que debe serlo. Pero en esto que aparece el Hombre. Y con su desarrollo, y respetando siempre su parte animal, ya que repito que si existe es que es necesaria y contingente, evidentemente, se encuentra con la posibilidad de pensar en los demás no sólo desde el instinto. Y, además, llega un momento en que sus deseos se escriben y marcan el comienzo de una cultura. ¡Ahí es nada!

En una época donde se han trasteado tanto esos cimientos, es celebrable un momento tan importante como el de pasar de niño a hombre éticamente hablando, es decir, empezar a ser consciente de los límites autoimpuestos por todos para superar la condición animal en pos del hecho diferencial: la capacidad consciente de mejora.

Si todo ello pasa por un primer decálogo en el que te aseguran que no es bueno matar, engañar, robar, no respetar a tus mayores o hacer (e incluso pensar) cosas inapropiadas a sabiendas de ello, las bases están bien puestas, según mi criterio, todo y que bien mirado no puede ser otro al encontrarme bajo su mismo influjo, pero es remarcable la maravilla que estas rocosas convicciones han conseguido generar.

Cuando a alguien se le introduce en esas aguas, una nueva vida al mundo de la comunidad nace que seguirá aportando y sumando al conjunto, y no debemos olvidar lo claras y “cristialinas” que han sido por estos lares. Que no pasa nada. Y es más necesario que nunca.

© 2010-2014 José Manuel Sánchez - @JMSanchezSerran - http://maximopotencial.com


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